29/09/2026
San Francisco de Asís: una tradición centenaria que ilumina Valle de Bravo
Cada 4 de octubre, Valle de Bravo se transforma en un escenario de fe, tradición y color para celebrar a San Francisco de Asís, Santo Patrono del municipio. Durante estos días, calles, ventanas y balcones se engalanan con los tradicionales faroles de papel de china, una costumbre que, de acuerdo con la tradición oral, se remonta a la llegada de la venerada imagen del santo a esta antigua Villa.
Una imagen que llegó de noche
La imagen de San Francisco de Asís, venerada en la parroquia dedicada al santo patrono, es una pieza de manufactura antigua española, tallada en madera y posiblemente fechada en el siglo XVI.
La tradición cuenta que la imagen llegó a la población durante la noche. Ante la ausencia de luz eléctrica, los habitantes tuvieron que iluminar el camino por donde avanzaría la procesión hasta llegar al templo. Para ello elaboraron sencillos faroles artesanales con aros de madera, papel de china, engrudo y una vela en su interior.
Aquella necesidad se convirtió con el paso del tiempo en una de las expresiones más entrañables de la fiesta patronal. Hoy, siglos después, los farolitos continúan iluminando fachadas, ventanas y balcones, convirtiendo las calles de Valle de Bravo en un paisaje lleno de color y significado.
La víspera: procesión, portada y el “Tránsito”
Las celebraciones principales comienzan el 3 de octubre, cuando la imagen de San Francisco de Asís participa en una tradicional procesión.
Posteriormente, la portada que habrá de colocarse en el acceso principal de la parroquia es bendecida por el padre vicario. El grupo de mayordomos e integrantes del patronato se encarga de colocarla en el vano del pórtico, adornada con flores de pericón, elemento característico de estas celebraciones.
Por la noche tiene lugar uno de los momentos más solemnes: la ceremonia del “Tránsito”, realizada al interior de la parroquia, en la que se representa el duelo por la muerte de San Francisco de Asís.
El 4 de octubre: la fiesta del Santo Patrono
Desde las primeras horas del 4 de octubre, la música de banda de viento acompaña las tradicionales mañanitas dedicadas a la seráfica imagen.
Al concluir la misa de las 8:00 de la mañana, tiene lugar la consagración de nuevas integrantes Franciscanas. Al mediodía se celebra la misa solemne, uno de los momentos centrales de la jornada religiosa.
La celebración continúa fuera del templo con el tradicional paseo de yuntas, una expresión que mantiene presente la profunda relación histórica de Valle de Bravo con el campo. El párroco bendice a los campesinos y a las yuntas adornadas que participan en el recorrido como una forma de honrar al Santo Patrono y pedir su protección.
Caballos y tractores también forman parte del desfile, en una convivencia entre las tradiciones del campo y la vida contemporánea de la comunidad.
Mojigangas, máscaras y alegría popular
La fiesta también tiene una dimensión profundamente comunitaria y festiva. Las mojigangas de los diferentes barrios de la cabecera municipal recorren las calles con sus enormes y vistosas figuras, máscaras y disfraces.
La participación de los barrios convierte el festejo en una expresión colectiva de identidad: familias, campesinos, músicos y vecinos se reúnen para mantener viva una celebración transmitida de generación en generación.
Por la noche, el cielo se ilumina nuevamente con la quema de toritos y fuegos pirotécnicos, cerrando una jornada en la que la devoción religiosa convive con la música, el color y la alegría popular.
Los faroles: una memoria que sigue encendida
Quizá uno de los símbolos más representativos de esta celebración sean los pequeños faroles que cada año vuelven a aparecer en las fachadas y balcones.
Su historia está ligada a la llegada nocturna de la imagen de San Francisco de Asís. Lo que alguna vez fue una necesidad para alumbrar el camino se convirtió en una tradición que hoy forma parte del paisaje festivo de Valle de Bravo.
Fabricados artesanalmente con aros de madera, papel de china y engrudo, y antiguamente iluminados con una vela, estos faroles representan mucho más que un elemento decorativo: son una manera de recordar a quienes, generaciones atrás, salieron a recibir al Santo Patrono y acompañaron su llegada hasta la parroquia.
Cada octubre, cuando las fachadas comienzan a llenarse de pequeños puntos de luz, Valle de Bravo vuelve a contar aquella historia.
San Francisco de Asís no solo es una celebración religiosa: es una tradición que reúne historia, memoria, artesanía, música, campo y comunidad. Una fiesta que, generación tras generación, mantiene encendida una antigua luz en las calles de Valle de Bravo.